Tuvimos la dicha de conocerte.
Hermoso tiempo que resultó
efímero y frágil
como fino cristal
que con un soplo de brisa
se quiebra en mil pedazos.
Subí la montaña
con la imaginación
a ver si te encontraba
entre las alas del viento
que surcan cerca del cielo,
pero nada vi.
Llevaba un mensaje para ti
que me dejó mi luna triste
cuando roza el horizonte,
y decía así:
Mi cuerpo y tu alma
juntos para siempre
impresos en papel de luz
donde el recuerdo permanece,
donde la belleza duerme
y no trasciende en el tiempo.
Tuvimos la dicha de conocerte,
pero te apagaste en plena luz
como el sol cuando llega la noche.
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