Te has deslizado entre las sombras
sin dejar a penas huellas.
Ya casi perdí las letras de tu nombre
al no pronunciarlas con los labios
ni con el pensamiento
cuando me entretiene la luz clara
de la primavera.
Mentira, siempre recuerdo tú nombre
y estás de vez en cuando
entre mis letras.
Cuando despierto me esperan
esos horizontes que crujen de lejos,
y me invitan a soñar los recuerdos
que me hicieron feliz en todas mis épocas.
Entonces cierro los ojos,
y le doy gracias a Dios por el ayer, por el hoy y por el futuro venga como venga.
Y es que me seduce
la vida y sus colores,
y procuro que los oscuros y las sombras no me rocen,
pues la única sombra que quiero de compañera, es la mía,
la que dibuja el sol con sus caricias.
Vuelves a mis renglones
y te deslizas entre la oscuridad.
Yo me quedo con la luz
que alumbra mis momentos
de contemplación,
mientras pienso en el amor
de tus ojos que me sonrieron,
hasta que el repique de campanas
quedó en silencio
en una fría noche, de un día,
de un año ya lejano.
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