¿La
vida?, un regalo de Dios, y a quien no le guste así… un regalo de
la propia vida.
Nos hacemos
mayores, físicamente todo se deteriora. Lo más feo se agranda, lo
más hermoso se encoge. ¿Por qué no puede ser al revés para seguir
luciendo en condiciones?.
Estas son
reflexiones de estar por casa, y desde luego no le gustarán a las
personas que escriben cosas más relevantes, y a otras que tienen preocupaciones existenciales... Una angustia que
surge al cuestionar el sentido de la vida, propósito, o la propia
identidad. En esto último, ¡qué desperdicio de vida ¿no?, si todos vamos a terminar en el mismo lugar.
Pero estás
reflexiones mías serán irrelevantes, pero son desenfadadas y además
muy cómodas, y desde luego, no hay que darle vueltas a la cabeza
pensando... quién soy, de donde vengo etc.
¿Poca madurez? yo
soy feliz y puedo decir, (y es verdad): solo sé, que no se nada, como dijo el
filósofo griego, Sócrates. Creo que mucha humildad por su parte.
Y hablando de
madurez. Es que todavía de vez en cuando tengo aleteando a mi alrededor esa
niña inocente que se ilusionaba con cualquier cosa, y ahora, eso da mucho juego
en algunas ocasiones.
Y me pregunto,
¿Para que sirve tanta madurez? ¿Por ejemplo, para ser presidente de
cualquier país mintiendo a los pueblos más que los propios niños, y jugando a
las guerras sin importarles las vidas que se pierden y el sufrimiento
de las que quedan?
Todas las personas
de bien queremos que el mundo camine por una senda de respeto y amor
al prójimo como nos enseñó alguien Superior, que al menos de lo
que me enseñaron y he leído, no enseñó nada malo sino todo lo
contrario.
En fin, para que
seguir con reflexiones de "tres al cuarto", pensaran
algunos.
Con esta
expresión, solo le quito un poco de valor a lo expuesto, y aún así,
escribo porque me... apetece.
En una ocasión
busqué de donde venía esta frase, y por lo visto empezó a
utilizarse cuando acuñaron una moneda de cobre entre los
siglos XIV al XIX aquí en España llamada "cuarto" cuyo
valor era ínfimo y equivalía a cuatro maravedís de vellón, y hoy
día, una diezmilésima de euro.
Lo demás se puede
suponer porque la frase misma, lo dice todo.