Los oídos del corazón
escuchan los
recuerdos
a la orilla de una
lágrima gigante
de origen glacial
que permanece
intacta,
con el mismo volumen
que en ocasiones crece
porque el cielo lo
manda.
Y una suave brisa
acaricia las
aristas.
El sol cae por
poniente
después de haber
dejado
su luz y templanza
en las aguas que
brillan.
Los ojos buscan
aquellas tardes de
bullicio
etre rocas y arenas,
pero no es verano
y el panorama está
tranquilo,
se oyen los
pajarillos
y las aguas
onduladas por la dulce brisa,
cantan lentamente en
la orilla.
Son deliciosos momentos
de suaves rumores
que adormecen el
alma.
Una nube lejana me
saluda,
doy la vuelta,
y me despido con una
sonrisa,
Mientras avanzo,
veo como ha cuajado la primavera.
Llenos están de flores
los caminos, prados y veredas,
adornados de vez en cuando
por la sutil presencia
de amapolas y el silente aleteo
de alguna mariposa

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