Llegó el otoño empujando al verano.
Le está cerrando la
puerta, pero la puerta
se mantiene
entornada
por donde respira
silenciosamente
momentos llenos de
luz
mientras piensa lo
que fue
y lo que aún puede
brillar.
No me gustan las
sombras
que ocultan el
sol en las mañanas,
ni tampoco me
gustan,
las sombras humanas.
No me gustan los
días tristes
cuando el cielo es
cómplice de las aguas.
Quiero que llueva
la tierra necesita
agua,
pero la quiero con
sol
porque la oscuridad
me empaña
como a los cristales
fríos
con calor
interior en las ventanas.
No me gustan las sombra,
solo la mía cuando
el sol se enfrenta a mi,
y la sombra de la
noche
donde descansar los
pensamientos
que me producen
insomnio
pensando en ti.