Es grande el paisaje del mundo,
¡tanto!, que no hay tiempo para admirarlo.
Hay campos inmensos y prados llenos de flores,
montañas y ríos acuarelados
que serpentean bajo el firmamento de mil colores.
Hay caminos y veredas donde crecen los espinos,
campanillas y cardos por donde bailan los mosquitos.
Hay árboles asombrosos de verde aceituna,
y otros altos y espigados
que peinan las nubes una por una.
Hay un mar de distintos azules
que baña la tierra con calma y furia
rizando sus aguas de encajes y tules.
Tiene la tierra venas profundas,
con un liquido encendido como el pensamiento
que explosiona por volcanes muy violento,
quemando con bello espectáculo, los pies del cielo.
Hay cielos pintados según el tiempo meteorológico,
cálido, bochornoso o frío de invierno,
con amaneceres y ocasos de puro ensueño,
donde se pierde la mirada de soñadores ojos,
entre mágicas luces que se apagan,
como se apaga todo, aunque sea rojo, rojo.