al otro lado de la esquina
me trae una voz querida.
Brilla el asfalto húmedo
y la lluvia sigue silenciosa
como la voz que oigo, sin oír.
Tuvimos la dicha de conocerte.
Hermoso tiempo que resultó
efímero y frágil
como fino cristal
que con un soplo de brisa
se quiebra en mil pedazos.
Subí la montaña
con la imaginación
a ver si te encontraba
entre las alas del viento
que surcan cerca del cielo,
pero nada vi.
Llevaba un mensaje para ti
que me dejó mi luna triste
cuando roza el horizonte,
y decía así:
Mi cuerpo y tu alma
juntos para siempre
impresos en papel de luz
donde el recuerdo permanece,
donde la belleza duerme
y no trasciende en el tiempo.
Tuvimos la dicha de conocerte,
pero te apagaste en plena luz
como el sol cuando llega la noche.
Al otro lado de la mañana
vi crecer tu sonrisa sombría,
no iluminaba tu entorno
y la atmósfera se desvanecía.
¿Qué tienes ojos de diciembre,
que no miras como mirabas?.
la profundidad del universo
sin luna ni estrellas,
todo opacidad y descontento.
Pon tu mirada de abril,
porque no puedes cambiar
el curso de la naturaleza,
y disfruta lo que tienes
ese paisaje llamado privilegio
que se te ofrece tan cerca.
Mira con tu sonrisa de verano
que se luzcan tus blancas perlas,
y ameniza la música de tu verbo sabio
y dulce como un sutil beso
después de una lluvia errante de primavera.
Al otro lado de la mañana, te vi,
y no sé si me escuchaste,
pero te hablé debajo de la luna
y fue un maravilloso instante.
Regué con mis labios susurros al viento
y al parecer no llegaron,
y dando vueltas en el aire
se marchitaron.
Al otro lado de la mañana,
oscurecía ...
Sé que el reloj
Y, ya nadie mira mis ojos